abejas y leche de almendras

Las abejas NO se extinguen por la leche de almendras

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Ni por los consumidores vegetarianos, ni por los veganos… Las abejas NO se extinguen por la leche de almendras. Las abejas mueren y te contamos las verdaderas razones

Últimamente, en redes sociales, estuvo en circulación cierta información respecto a la producción de almendras para leche vegetal y su impacto en las abejas melíferas. En Tierra sustentable, nos parece de suma importancia que el consumidor cuente con información fidedigna, proveniente de fuentes oficiales. Por esta razón, decidimos realizar una pequeña investigación para acabar con la desinformación correspondiente a este tema. Las abejas NO se extinguen por la leche de almendras…

Es cierto que, desde hace un tiempo, están cambiando los hábitos alimentarios. Puntualmente, el consumo en el mundo respecto a la demanda de productos de origen vegetal en contraposición con los de origen animal. Sin embargo, en el caso de la leche de almendras, se toma a los consumidores veganos y  vegetarianos como principales acreedores de este producto. No solo esta información no tiene sustento, sino que lejos están ellos de ser culpables del impacto negativo en las poblaciones de abejas criadas.

El problema  no es el consumo de la leche de almendras en sí mismo. Tampoco las abejas están cerca de la extinción por el consumo exclusivo de este producto. Porque, de hecho, NO se encuentran en peligro de extinción

Las abejas NO se extinguen por la leche de almendras

A continuación vamos a dar a conocer ciertos puntos para entender mejor esta problemática antes de exponer los datos recopilados al respecto.

Apis mellifera  es la especie de abeja productora de miel más distribuida en el mundo para la producción de miel, polen, propóleos, servicios de polinización para sistemas de producción vegetal , etc. Y es una de las tantas especies perteneciente a este género. Apis tampoco es el único género de abejas en el mundo, sino que hay aproximadamente 200 géneros conocidos de abejas con sus respectivas especies.

Reservandonos solamente al problema de las abejas (ya que hoy estamos viviendo una crisis ambiental antropogénica de mucha gravedad sin precedentes y de múltiples causas), sería correcto atribuir gran parte de la responsabilidad al uso de agroquímicos. Estos son empleados en la mayoría de los sistemas productivos del mundo, de manera tal que están afectando a muchísimas especies de abejas y no solo a la melífera. Es ahí donde radica el verdadero problema y no solo en un cultivo determinado como se menciona exclusivamente al de las almendras.

No solo las abejas están siendo afectadas sino que gran parte de los insectos polinizadores, animales y su desarrollo en el ecosistema están siendo afectados. El incorrecto manejo de los sistemas agropecuarios del mundo es es lo que realmente está acabando con gran parte de las abejas silvestres y domésticas.

La mejor manera de luchar activamente como consumidor es asegurándonos de adquirir productos orgánicos, biológicos, ecológicos y/o agroecológicos. Esto no solo aplica a las almendras, sino de cualquier otro tipo de producto.

 

Abeja siendo rociada por agroquimicos en un cultivo de almendros. Imágenes documental More Than Honey

DATOS OFICIALES

A continuación, vamos a compartirles un resumen de datos oficiales. Los mismos son brindados por El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y los laboratorios de investigación de GreenPeace.

Las abejas constituyen uno de los grupos de insectos más abundantes y beneficiosos para el hombre. Al visitar las flores en busca de néctar y polen, intervienen en los procesos de polinización de la mayoría de las plantas tanto silvestres como cultivadas. Otro aspecto económico de importancia para el hombre es la producción de miel. Además, productos que se obtienen de especies como Apis mellifera y las abejas sin aguijón (Meliponini).

Las abejas melíferas, sin embargo, se han visto cada vez más castigadas en los últimos años, aún cuando el mundo avanza hacia el cultivo de variedades que dependen de la polinización.  De igual manera, abejas silvestres también se ven amenazadas por muchos factores medioambientales. Incluyendo la falta de hábitats naturales y seminaturales, así como una mayor exposición a sustancias químicas manufacturadas, entre otros.

“En algunas regiones europeas no existen poblaciones viables de abejas melíferas silvestres porque no son capaces de sobrevivir a la presión de las prácticas agrícolas industriales (monocultivos, herbicidas, plaguicidas). Tampoco pueden sobrevivir a varios parásitos y enfermedades naturales sin que se realice una gestión humana de estas enfermedades. En España, por ejemplo, solo las abejas melíferas domésticas sobreviven en colonias muy manipuladas, a las que se proporciona alimento complementario y medicamentos”. (Mariano Higes, Asesor de Investigación del Centro Apícola Regional de Marchamalo, comunicación personal)

Se pueden identificar tres preocupaciones fundamentales en cuanto a la salud global de los polinizadores:

  1.  No se dispone, en la actualidad, de datos precisos que permitan alcanzar conclusiones firmes sobre el estado de los polinizadores. De hecho, la variabilidad potencial en los intentos de censar especies animales es tan alta que las poblaciones podrían reducirse en casi un 50% antes de que fuese posible detectar la disminución.
  2. Puesto que la demanda de polinizadores –a nivel local y regional– crece a más velocidad que la oferta, podríamos estar enfrentándonos a una polinización restringida, ahora y en el futuro inmediato. Esto se debe a que el aumento de los cultivos de gran valor que dependen de la polinización está superando el crecimiento de la población mundial de abejas melíferas. A su vez, que los polinizadores silvestres disminuyen en abundancia y diversidad.
  3.  Las poblaciones de abejas melíferas son muy desiguales entre regiones agrícolas. Estas crecen en algunos países productores de miel, pero disminuyen en el resto, incluyendo regiones con gran producción agrícola en EE. UU., Reino Unido y muchos otros países de Europa occidental.

Ningún factor por sí solo es culpable del descenso general en la población mundial de abejas, o del empeoramiento de la salud de éstas. No hay duda de que este declive es el producto de varios factores, algunos conocidos y otros no, que actúan por separado o combinados.

Dicho lo cual, los factores más importantes que afectan a la salud de los polinizadores están relacionados con enfermedades y parásitos; y con prácticas agrícolas industriales más amplias, que afectan a muchos aspectos del ciclo de vida de una abeja. Sin olvidar el cambio climático, que también supone una creciente amenaza para la salud de los polinizadores.

AGRICULTURA INDUSTRIAL

El conjunto de los polinizadores no puede escapar de los distintos impactos de la agricultura industrial. Sufre la destrucción de su hábitat natural causada por la agricultura y, al volar sobre explotaciones agrícolas, los efectos nocivos de las prácticas intensivas. También acusan la fragmentación de los hábitats naturales y seminaturales, la expansión de los monocultivos y la falta de diversidad. Las prácticas destructivas que limitan la capacidad de anidación de las abejas, y el uso de plaguicidas convierten la agricultura industrial en una de las mayores amenazas para las comunidades de polinizadores en todo el mundo. Por otro lado, los sistemas agrícolas que se basan en la biodiversidad y no utilizan sustancias químicas peligrosas, como los de cultivo ecológico, pueden beneficiar a las comunidades de polinizadores. Así también, aumentar la heterogeneidad de hábitats para las abejas. 

CAMBIO CLIMÁTICO

Muchas de las consecuencias predichas para el cambio climático, como el aumento de temperaturas, las modificaciones de pautas de precipitación y fenómenos meteorológicos, tendrán impacto en las poblaciones de polinizadores. Esto las afectará individualmente y, en última instancia, como comunidad, reflejándose en tasas de extinción más altas para las especies polinizadoras.

INSECTICIDAS

En particular, los insecticidas suponen el riesgo más directo para los polinizadores. Como su nombre indica, se trata de sustancias químicas diseñadas para matar insectos. Por lo general, se aplican ampliamente en el medio ambiente en torno a los cultivos.

Con el uso de plaguicidas las abejas mueren por contacto. Cuando el plaguicida “moja” la superficie corporal de la abeja y el tóxico penetra en su cuerpo, muere. También por ingestión cuando consume o manipula néctar, polen, resinas y agua que han sido contaminados con plaguicidas.

Los integrantes de una colonia no necesariamente mueren en forma inmediata a una pulverización o fumigación con plaguicidas. Durante un cierto tiempo, dependiendo del producto utilizado, el plaguicida se encuentra en el ambiente y en la savia de las plantas o bien permanece en los órganos vegetales donde se ha depositado en forma de gotas. También los plaguicidas permanecen mucho tiempo en el suelo o en las napas de agua

Suele haber efectos subletales donde la abeja no muere pero se altera su nutrición, su sistema de comunicación con las demás abejas, o bien se modifica su comportamiento o la termorregulación y la memoria. De este modo la colmena se debilita y disminuye su resistencia a agentes patógenos y parásitos. Esto puede ocurrir con productos plaguicidas no letales o también con bajas dosis de productos plaguicidas.

GreenPeace realizó un estudio sobre las concentraciones de plaguicidas encontradas en el polen llevado a las colmenas por las abejas pecoreadoras, en muestras obtenidas mediante trampas para polen o directamente tomadas de los panales de siete paises de europa. En las muestras de polen capturado se han identificado residuos de al menos uno de 53 plaguicidas (incluyendo 22 insecticidas/acaricidas, 29 fungicidas y dos herbicidas). En las muestras de polen de panal (pan de abeja) se han identificado residuos de al menos uno de 17 plaguicidas (incluyendo 9 insecticidas/acaricidas y 8 fungicidas). 

 

Cultivo siendo polinizado a mano en China por falta de polinizadores naturales. Esto se debe al uso indiscriminado de agroquímicos. Imágenes documental More Than Honey

¿QUÉ PODEMOS HACER?

 Cualquier progreso en la transformación del actual sistema agrícola , de carácter destructivo, en uno ecológico tendrá muchos beneficios para el medio ambiente y la seguridad alimentaria humana; además, por supuesto, de claras ventajas en la salud global de los polinizadores. A corto y medio plazo, hay asuntos específicos que la sociedad puede abordar sin tardanza por el bien de la salud global de los polinizadores. Los beneficios podrían ser evidentes casi de inmediato.

Basándose en el análisis de las evidencias científicas actuales sobre la salud global de los polinizadores, Greenpeace cree que eliminar la exposición a plaguicidas potencialmente tóxicos para las abejas es un paso fundamental. Esto permitiria salvaguardar no solo a las abejas silvestres y comerciales, sino también el alto valor ecológico y financiero de la polinización natural. Se pueden dividir en dos grupos los distintos ejemplos de acciones con base científica (a corto y largo plazo) para revertir el descenso en las poblaciones globales de los polinizadores: 

1) evitar el daño a los polinizadores (por ejemplo, eliminando la exposición a sustancias potencialmente nocivas)

2) fomentar su salud (por ejemplo, cambiando otras prácticas en los ecosistemas agrícolas existentes). 

Muchas prácticas que aumentan la diversidad vegetal a distintas escalas pueden mejorar los recursos florales disponibles para los polinizadores. La expansión de las técnicas de gestión integrada de plagas y de la agricultura ecológica demuestra que el cultivo sin plaguicidas es totalmente viable, rentable y seguro.

AGRICULTURA ECOLÓGICA

Se ha demostrado repetidamente que la agricultura ecológica, que mantiene una alta biodiversidad sin aplicar plaguicidas o fertilizantes químicos, estimula la abundancia y la riqueza de polinizadores. Lo que a su vez, favorece la polinización de los cultivos y su rendimiento potencial. Los métodos de producción ecológicos tienen como resultado muchos otros beneficios aparte de los relacionados con los polinizadores. A pesar de ello, estos enfoques han recibido mucha menos financiación pública para la investigación centrada en mejores prácticas y gestión agrícola que las técnicas convencionales. Esta falta de apoyo es sorprendente, dado que los sistemas de cultivo ecológico pueden producir más o menos la misma cantidad de alimento –y beneficio económico– que la agricultura convencional, generando muchos menos daños medioambientales y sociales.

Los beneficios de la agricultura ecológica, en términos de la diversidad y la abundancia de polinizadores que favorece, pueden extenderse también a las explotaciones convencionales vecinas. En trigales alemanes, las prácticas ecológicas aumentaron la riqueza de polinizadores en un 60%. Además su abundancia creció entre el 130% y el 160%, respecto de las prácticas convencionales. Es más, el aumento de las zonas de agricultura ecológica de un 5% a un 20% a nivel de paisaje mejoró la diversidad de polinizadores y su abundancia en más de un 60%, tanto en campos ecológicos como en campos convencionales.

En consecuencia, se precisa más financiación pública y privada para investigar y desarrollar mejores prácticas agrícolas ecológicas. En última instancia, dichos métodos representan la mejor opción para maximizar los servicios ecológicos, la producción alimentaria y la protección medioambiental, a la vez que ayudan a promover un desarrollo económico y social sostenible.

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