¿Realmente es más caro consumir alimentos orgánicos?

Te contamos porque consumir alimentos orgánicos trae múltiples beneficios a nivel social, ambiental y a nuestra salud a pesar de ser más caros

Últimamente escuchamos a muchas personas hablar sobre los alimentos orgánicos como algo novedoso, su popularidad ha incrementado y muchas ferias, tiendas online y locales con el slogan “orgánico y natural” abrieron sus puertas al público. Para algunos es una moda, para otros un estilo de vida más saludable. Pero la realidad es que esta práctica no es para nada nueva. Hace no más de 30 años solo existía esta forma de cultivo en la cual los abonos provienen de fuentes naturales, la biodiversidad es fundamental y el amor por el cuidado de los ecosistemas es el pilar del trabajo. Con el tiempo, la sed de dinero y de producir a escalas desorbitantes para exportar a países de primer mundo hicieron que los agroquímicos fueran más importantes que el agua en los campos, incluso más importantes que la vida misma.  

Sin embargo, comer orgánicos también tiene una pequeña desventaja: el precio. Al ser alimentos que requieren un mayor sacrificio por parte del productor, estos alimentos cuestan un poco más que los productos convencionales. La producción de este tipo de alimento requiere mucha mano de obra, dedicación y conocimiento. Además, al ser Argentina el segundo exportador de alimentos orgánicos a nivel mundial, es fundamental para el productor tener un sello que acredite que en sus tierras se producen alimentos de manera correcta, sin residuos tóxicos, con buenas prácticas y conciencia ecológica. Por este motivo es fundamental la tarea que realiza tanto la Organización Internacional agropecuaria (OIA), Argentcert Certificadora Orgánica y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Alimentaria (SENASA), las entidades encargadas, entre otras, de hacer un estudio minucioso de cada caso y de proporcionar estos sellos que le sirven tanto al productor para comprobar la calidad de su producto como al consumidor a la hora de comprar.  

Más allá del pequeño esfuerzo extra que nos puede exigir cada semana comprar orgánicos, sus beneficios son múltiples. En primera medida, a nivel social, la producción orgánica significa más trabajo y de mejor calidad. La diferencia de mano de obra necesaria en este tipo de agricultura con respecto a la convencional es abrumadora. También significa una mejor calidad de vida para el trabajador de estos campos, ya que está comprobado que las personas que manipulan agroquímicos tienen una fuerte tendencia a enfermedades neurológicas como el Alzheimer y el Parkinson, tendencia a la producción de tumores cancerígenos y malformaciones. Al país le significan mayores ventas al exterior ya que países como Estados Unidos y España incrementaron de forma exponencial su consumo de orgánicos provenientes de Argentina. También trae consigo el buen uso de las tierras ya que los cultivos extensivos, como pueden ser el de soja o maíz, dejan el suelo infértil por años debido al uso indiscriminado de agroquímicos, “obligando” a los gobernadores a permitir cultivos en tierras que deben ser deforestadas acabando con la vida de todo ser que viva en ese espacio, incluyendo animales y comunidades nativas. Como cliente, consumir orgánico trae múltiples beneficios para la salud ya que se consume un producto de calidad, con un sabor verdadero aprovechando todos sus nutrientes. Más que por su contenido, los productos orgánicos son saludables por lo que no tienen: agroquímicos.

Aunque todavía conseguir un proveedor de verdura y fruta orgánica que abastezca nuestras necesidades a un precio razonable y cerca de nuestras casas requiere de una búsqueda exhaustiva, cada vez son más los productores que acercan su producto al consumidor. Lamentablemente, hoy en día alimentarse de manera saludable requiere de un esfuerzo enorme por parte del consumidor, teniendo que esquivar todos los productos industrializados que venden mentiras en el frente de su etiqueta y los productos que aparentan ser naturales, pero realmente son un cóctel de químicos.

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